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ABIERTO DE TENIS DE EEUU

Serena logra convertir su derrota en un debate sobre sexismo

Acusa al juez que le sancionó de machismo y su denuncia tiene eco, pero sus antecedentes también juegan en su contra

Serena Williams se enzarza con el juez de silla.  / USA TODAY / DANIELLE PARHIZKARAN

Dentro de la pista Serena Williams puede perder. Lo volvió a recordar el sábado Naomi Osaka, una explosión de poderoso y brillante tenis que a sus 20 años conquistó merecidamente su primer grande en Nueva York imponiéndose 6-2 y 6-4 a la leyenda estadounidense. Pero el lamentable espectáculo de enfrentamiento a lo largo del segundo set de Williams con el juez de silla Carlos Ramos; la transformación de la pista Arthur Ashe en un circo de confrontaciones y abucheos regado en lágrimas y, sobre todo, el debate que se ha abierto después sobre el supuesto sexismo con que fue tratada por el portugués la tenista, una de las dos mujeres en la pista, confirma que en algunos terrenos Williams sigue siendo una fuerza imbatible, quizá intocable. Perdió pero, en cierto sentido, ha ganado.

El día después de una final de Grand Slam suele dedicarse a festejar la victoria, una celebración especialmente merecida en el caso del histórico triunfo de Osaka, primera tenista de cualquier género que anota un título en el currículo de Japón y la promesa más evidente de un relevo generacional precisamente para un talento descomunal como el de Williams, dueña de 23 grandes, una de las mejores atletas de la historia en cualquier género y deporte. Pero desde el mismo sábado por la noche la conversación y el debate están centrados en si los abusos de poder de los hombres también son la moneda de cambio habitual para las deportistas.

Eso es lo que denunció Williams sobre la pista y en la rueda de prensa tras la derrota después de que Ramos le impusiera tres penalizaciones que le acabaron costando un juego: la primera por recibir “coaching” (consejos de su entrenador que en el Abierto están prohibidos y que aunque ella negó reiteradamente su entrenador reconoció que se produjeron), la segunda por romper con furia una raqueta y la tercera por “abuso verbal” (llamó al juez “mentiroso” y “ladrón”). Y poco importa que las tres sanciones siguen al pie de la letra las reglas, como demuestra la multa de 17.000 dólares que le ha impuesto a la jugadora el torneo.

"Me lo hacen porque soy mujer"

Según clamó Williams, “hay muchos hombres que han dicho cosas mucho peores y no los sancionan porque son hombres. Esto me lo hacen porque soy mujer”. Y ante los periodistas insistió: “Estoy luchando por los derechos de las mujeres y por la igualdad de las mujeres y por todo tipo de cosas”. “Es un escándalo”, agregó, convirtiéndose a sí misma en “un ejemplo para la persona que tenga emociones y que quiera expresarse y ser una mujer fuerte. Quizá no funcionó para mí hoy, pero funcionará para la próxima persona”.

Han sido muchos quienes han dado la razón a Williams, que en EEUU es un icono no solo deportivo sino cultural y social y especialmente en el último año ha elevado su estatus como voz de referencia tras lograr poner el foco en la discriminación que muchas mujeres negras sufren en atención sanitaria con su relato en primera persona de las complicaciones post-parto que casi le cuestan la vida. Lo han hecho, entre otros, la poderosa productora Shonda Rhimes, compañeras del circuito como Viktoria Azarenka y una histórica del tenis como Billie Jean King, además de otros tenistas (tanto hombres como mujeres), famosos e incontables artículos y opiniones en redes sociales.

Críticas y antecedentes

Otros, no obstante, no están convencidos por la reconversión de una conversación sobre tenis en una sobre sexismo. Entre ellos está Richard Ings, que fue juez de silla profesional entre 1986 y 1993 y en un Abierto EEUU tuvo un enfrentamiento similar al de Ramos y Williams con John McEnroe. En un artículo Ings reconoce que “Williams sin duda ha enfrentado en su vida y su carrera auténtico sexismo y racismo”, la define como “un modelo positivo en todos los sentidos” y habla de su “inspirador estatus icónico” al denunciar racismo y sexismo fuera de la pista. Pero también asegura que en la final de este sábado “no enfrentó ni una cosa ni la otra. Se equivocóPerdió ante una jugadora mejor y en el proceso perdió la compostura de forma espectacular. Es ella la que debe una disculpa a Ramos”, ha escrito.

   

Sus propios antecedentes, además, no juegan a favor de Williams. En la misma pista Arthur Ashe, en 2009, perdió una semifinal ante Kim Clijsters tras ser sancionada con un juego por una jueza de silla tras decirle a una jueza de línea que le pitó falta de pie, una mujer asiática: “te voy a hacer tragar la puta bola”. Dos años después, en la final que acabó perdiendo contra Sam Stosur, también estalló tras una sanción. “Eres fea por dentro... Estás llena de odio. Si te cruzas conmigo mira para otro lado. ¡No me mires!”, gritaba en uno de sus arrebatos. En la silla estaba otra mujer.

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