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PARTIDO HISTÓRICO

Croacia, un país en éxtasis ante la final del Mundial

Todos los croatas celebran con pasión el Mundial de su selección y miles de turistas se han sumado a la fiesta de la final

Seguidores de Croacia celebran el pase a la final del Mundial. / REUTERS / ANTONIO BRONIC

En Dubrovnik apenas se venden souvenirs de 'Juego de Tronos' estos días. La serie, que rodó varias de sus escenas en la Perla del Adriático, ha pasado a un segundo plano porque todos los turistas prefieren la camiseta croata de imitación, que se agota a diario por 150 kunas la unidad (unos 20 euros). La bella ciudad amurallada, que fue prácticamente destruida por las bombas entre 1991 y 1992 y que hoy reluce con máximo esplendor, se ha teñido de blanco, rojo y azul para apoyar a los héroes de Rusia. Hasta los perros van equipados con los colores croatas y los aficionados locales menos pudorosos lucen gorros de waterpolo porque en este deporte ya son los mejores del mundo y quieren que sirva de inspiración para la final de este domingo.

La hazaña ante Inglaterra desató la locura en la atestada avenida Stradun, el corazón de Dubrovnik. El gol de Mandzukic vino acompañado de una lluvia de litros de cerveza derramados por el aire, bengalas, cohetes, abrazos y gritos de “Hrvatska, Hrvatska”. El pitido final dio paso a una discoteca al aire libre y a lo largo de la noche no dejaron de sonar bocinas por toda la ciudad. Subidos al capó y al techo de coches en movimiento, varios croatas arriesgaron su integridad física tras el triunfo. Estos días también se ha puesto de moda el corte de pelo a cuadros emulando la bandera del país.

Celebración extasiada en Zagreb. / REUTERS

Con la mitad de población que Andalucía (4,3 millones de habitantes) y salarios que no dan para muchas alegrías (800 euros de media), Croacia saca pecho gracias a una selección con tan solo 26 años de vida. En la plaza de Ban Jelacic de la capital Zagreb, donde se concentraron todas las cámaras de televisión el pasado miércoles, aún resuena la estruendosa e histórica celebración. Al día siguiente, el primer ministro Andrej Plenkovic y el resto de su gobierno se presentaron en el Parlamento vistiendo la famosa camiseta de cuadros. 

Con especial orgullo se vive el Mundial en Zadar. De allí son ModricVrsalkjoSubasicLivakovic y también Nikola Kalinic, quien abandonó la concentración croata antes de tiempo tras un desplante a su seleccionador, probablemente una de las peores decisiones en la historia de los mundiales y que en la prensa del país aún es motivo de debate. En Zadar las victorias se están festejando a lo grande en el foro romano y en las fotogénicas obras de vanguardia de las que presume la ciudad, El Saludo al Sol y el Órgano de Viento. 

Más al sur, en Split, una ciudad con un pasado turbio debido al alto consumo de droga, el deporte brinda nuevas esperanzas. La gente vive ahora más enganchada que nunca al fútbol y también al picing, un deporte con campeonato del mundo propio desde 2005 en las playas de Split y que consiste en pasarse una pelota con cualquier parte del cuerpo sin que toque el agua. Muchos jóvenes en plena forma recrean las acciones del Mundial con brillantes filigranas en la playa.

El primer ministro croata Andrej Plenvifá y sus ministros, en una reunión de Gabinete de esta semana. / REUTERS

Incluso en Sibenik, cuna de Drazen Petrovic y ciudad perpetuamente ligada al baloncesto, el fútbol es el monotema esta semana. La euforia se ha desatado también en las bellas islas que salpican la costa Dálmata. En la animada Hvar, la isla que encandiló a Beyoncé (por eso bautizó con el nombre de Hvar a su hija), la juerga que es diaria, constante y desbocada se interrumpe momentáneamente cuando llega la hora de ver a la selección por televisión. 

La fe no es asunto menor en Croacia. Ocho de cada diez croatas afirman ser católicos, por lo que el rosario que guarda en el bolsillo el seleccionador Zlatko Dalic en cada partido aquí no es ninguna extravagancia. Ser los primeros en sobrevivir a tres prórrogas también da motivos para seguir siendo creyente ante Francia, a quien los croatas cuelgan el cartel de favorita. 

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