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LA BRECHA DEPORTIVA

"El fútbol no es para niñas, apúntate a otra cosa"

Deportistas que plantaron cara a los prejuicios machistas relatan sus experiencias

El Alcorcón reivindica el 8-M con la imagen de una de sus jugadoras, Natalia Orive.

"El fútbol no es para niñas, apúntate a otra cosa". Eso fue lo que las madres de sus compañeros dijeron a Natalia Orive cuando tenía ocho años y quiso apuntarse a la extraescolar de fútbol en su colegio. Sus padres le habían dado el dinero para ello, pero al escucharlo se puso a llorar y se fue.

Al final lo hizo y mientras jugaba le tocó aguantar comentarios del tipo, "marimacho", "¿pero tu eres una niña?" y también mensajes que todavía se escuchan en campos de categorías donde juegan equipos mixtos, hiriente para ellos y para ellas. "Como te meta un gol la chica...".

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Las dificultades de Natalia, campeona de España y subcampeona de Copa y Supercopa, además de presidenta de la Asociación de Jugadoras de Fútbol Sala y directiva de la Asociación Europea de Deportistas, son parte de las recogidas en el libro "Mujer, discriminación y deporte".

Junto a experiencias de deportistas como Mireia Belmonte, Marina Ferragut, Elisa Aguilar, Marta Figueras-Dotti, Victoria Padial, Lorena Rubio, Jade Boho, Ana Carrascosa Laura del Río, el texto de la abogada María José López, aboga por acabar con las desigualdades en el deporte desde el punto de vista normativo.

El de Natalia Orive no es excepcional. Ella entiende que su deporte sufre más discriminación porque la FIFA no lo contempla como modalidad. No hay competiciones internacionales femeninas y eso lleva a que las jugadoras tengan "mínimos o ningún derecho laboral".

Sin los mismos derechos

"Yo he estado jugando 24 años en Primera División y no he cotizado ni un solo día. Ahora, retirada, me enfrento a una sociedad que no reconoce mi currículo". Es Lorena Rubio, mejor jugadora de España de fútbol sala en el 2005 que celebró cuatro Ligas y tres Supercopas, quien afirma que "hay hechos que te hacen sentir que no tienes por qué tener los mismos derechos que un hombre".

Vicky Losada y Raquel Rodríguez, en el duelo de selecciones España-Costa Rica / AFP / GRAHAM HUGHES

"Las equipaciones que llevábamos siempre eran de hombres, XL. Cuando capitaneaba un equipo la revista 'Interviú' me llamó para plantearnos que saliéramos desnudas en la revista. Me dijeron que salir ya era un espejo para patrocinadores". También Marina Ferragut se chocó con la realidad cuando dejó el baloncesto, tras ser campeona de Europa (1993) y tres veces bronce.

Con sus compañeras llegó a olvidar que su carrera deportiva "no era profesional" y que su "vida laboral de 25 se reduce a cuatro gracias a algún club (muy pocos) que sí te legaliza como deportista".

El examen municipal

Ferragut cuenta cómo fue a un ayuntamiento para hacer una entrevista y solicitar una vacante para monitora de chavales. "Aunque había pasado media vida por las pistas jugando ligas, Copas, Europeos, Mundiales, Juegos y en la WNBA y hablando idiomas, sin puntos oficiales ni certificados que acreditaran mi experiencia profesional, y sin la visión y notoriedad que debido a causas obvias tiene el deporte masculino, volví a casa con mi primera derrota. No era apta. Sabemos quién eres pero no tienes puntos. Te pondremos en la lista de espera".

Marina relata en el libro que empezó de cero y que ha podido convertirse en maestra y entrena a pequeños, algo a lo que también se dedica Ana Carrascosa (campeona de Europa de judo, olímpica en 2008 y 2012 y medallista mundial), que al dejar el deporte comprobó que "después de años no había cotizado nada a la Seguridad Social".

Carrascosa pasó cuatro años en París y allí firmó su único contrato con un club porque el judo en Francia es profesional. "En España los judocas pagamos una mensualidad al club como cuota para entrenar. Allí tienen ayudas para entrenar y estudiar, cotizan a la Seguridad Social durante sus años en activo y reciben ayudas".

Un cambio normativo

Victoria Padial Marta Figueras-Dotti, pioneras en deportes como biatlón (primera española en conseguir una medalla internacional y dos veces olímpica) y golf tienen su visión crítica de la realidad. "Tenía la esperanza de que, al ser doble subcampeona de Europa en 2014, me abriría puertas y me ayudaría a seguir formándome, pero las ayudas federativas disminuyeron e incluso sufrí el abandono de la española. Las federaciones y entidades alardean del trabajo que hacen para fomentar el deporte femenino, pero realmente es una ilusión y no una realidad", sostiene la primera.

Hay cuestiones no resueltas como la maternidad, la Seguridad Social y la representación federativa", dice Mireia Belmonte

Figueras-Dotti, seleccionadora española en Río 2016, llama a involucrarse para lograr que haya "un cambio normativo que impida situaciones como inexistencia de convenios colectivos en deporte femenino y mínimos niveles de profesionalización en las listas". "Hay cuestiones, muy afectas, a las mujeres que siguen sin ser resueltas, desde un punto de vista normativo, y que tienen que ver con la maternidad, con la Seguridad Social, con espacios de representación en las federaciones e instituciones deportivas", escribe Mireia Belmonte, campeona olímpica de 200 mariposa y ganadora de otras dos platas y dos bronces.

Ocasión desaprovechada

Su voz se suma a la de Elisa Aguilar, exjugadora y expresidenta de la Asociación de Jugadoras de Baloncesto con 20 años de experiencia que hace crítica y autocrítica y lamenta que su deporte, el único con convenio colectivo, no haya sido capaz de mantenerlo.

"Estamos desaprovechando un momento importante porque tenemos la fuerza del momento. Los resultados del deporte femenino son históricos y en algunos deportes las deportistas son referentes. Con toda esta fuerza es el momento de poder cambiar las cosas, como por ejemplo, una nueva ley del deporte que tenga un apartado para el deporte femenino. no somos iguales a los hombres, los factores no son los mismos ni las condiciones, por ello tiene que cambiar".

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