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EL ADN DE LA SEMANA

Cítricos

Los antecesores de limones y naranjas fueron domesticados hace unos 5.000 años en Asia

Naranjas y limones en un mercado. / JULIO CARBÓ

Como fruta, zumo o condimento, los cítricos son una buena fuente de energía y vitaminas. Son también un producto importante de las exportaciones del arco mediterráneo. Encontramos sus árboles desde el sur de Tarragona hasta Sevilla, pero sobre todo en Valencia, donde la cultura agraria está marcada por el cultivo de naranjas y mandarinas. No es de extrañar que el estudio más completo sobre los genomas de los cítricos haya sido liderado por un grupo del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias. Nos proporciona una visión completa sobre la historia de estas plantas y da nuevas herramientas para su mejora.

El trabajo, publicado en la revista Nature, se ha realizado en colaboración con grupos de Estados Unidos. Han analizado los genomas de 58 especies o variedades de cítricos de los que podemos extraer una historia evolutiva completa. Concluyen que las diferentes especies que conocemos se diversificaron hace unos siete u ocho millones de años en las regiones al sur del Himalaya. Era el tiempo en que los antecesores africanos de los humanos se diferenciaron de los chimpancés. Hace cuatro o cinco mil años, los humanos que vivían en aquellas regiones los cultivaron y produjeron variedades adaptadas a su consumo. La consecuencia de la acción humana fue que las naranjas, mandarinas, limas, limones o pomelos actuales tienen unos genomas que son mosaicos complejos de las especies primitivas.

Con el tiempo los cítricos viajaron y los encontramos en las regiones mediterráneas desde el tiempo de las cruzadas. Y así se fueron haciendo más dulces y productivos. La aparición de nuevas especies ha continuado hasta ahora. Las clementinas fueron descubiertas por el sacerdote Clément Rodier, que vivía en la Argelia francesa a finales del siglo XIX. Los agricultores valencianos saben que los cítricos son sensibles a enfermedades y a insectos y que su producción, con una competencia internacional importante, necesita una innovación continuada. Por ello sus investigadores llevan años trabajando en sus genomas y hay que felicitarles por su éxito.

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