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BARCELONEANDO

El último deseo del poeta

Carlos Julio Leoni ha escrito poesía toda su vida pero nunca había publicado, hasta ahora, que está atado a un respirador y necesita cuidados paliativos

Carlos Julio Leoni en su piso barcelonés. / JOAN MATEU PARRA

El poeta mencionó hace unos meses que uno de sus deseos últimos era publicar su poesía, y así ha ocurrido. "Me habría gustado publicar", eso dijo exactamente, en ese tiempo verbal contagiado de resignación. Y ahora está orgulloso, el poeta. Tantos años escribiendo y nunca había tenido el placer de ver su nombre en una portada. Carlos Julio Leoni, 'Poesía sin límite', reza en el frontal del libro. Contiene una treintena de poemas el volumen, pero podría tener 80 o 100, o seguramente 500, porque poesía Leoni ha escrito toda la vida, desde que era joven en Argentina, antes de emigrar. "Huimos porque todos los días íbamos detenidos", dice con su acento de Córdoba, que no ha perdido a pesar de que se volvieron tantos de un momento a otro los años aquí. Camina con dificultad el poeta Leoni por los senderos de su piso de Balmes, siempre conectado a un respirador artificial. Quería publicar su poesía, y la ha publicado.

Ha publicado 'Poesía sin límite' con la ayuda de la Fundación Paliaclinic y la Fundación 38 grados

"Me encantó el orden del tráfico", recuerda que pensó, recién aterrizado, a finales de los 60. "Lo pequeñas que eran las personas". "La forma antigua en que iban vestidas". La apreciación sobre la moda en boga era la de alguien destinado a convertirse en profesional. "Me gané la vida diseñando", dice. "Ropa y complementos". El taller lo tenía en el mismo piso de Balmes, este de los senderos, también de los libros y de las plantas. Trabajaba mucho, Leoni, pero seguía escribiendo poesía; es posible, sí, que sin la constancia de sus colegas; pero seguía. "Escribía mis sentimientos. Y cuando me leía, me gustaba mucho lo que leía". Que el apego era especial lo puso de manifiesto cuando se acabó la aventura de la moda: montó un bar, y en el bar, un club de poesía. "Quería un sitio pequeño para juntar a los amigos", recuerda. Comenzaba la década de los 90. El sitio se llamó Granja de Gavà. Ya era de letras porque había visto nacer y pasar su adolescencia a Terenci Moix. El grupo se llamó Ladrones de lunas.

La luna de Córdoba

Los Ladrones de lunas se reunieron de nuevo el otro día, no en la Granja de Gavà, que ya no existe, pero cerca, en el mismo Raval: en el café Departure. No era menor la ocasión, pues convocaba el poeta Leoni para celebrar en grupo su contento, la satisfacción mayúscula de haber publicado, finalmente, después de tantos años, después de toda una vida, en realidad. Toda una vida. ¿Con cuánto ahínco lo había intentado antes? No mucho, en realidad. No era una obsesión publicar. No miró de joven a la luna de Córdoba y le prometió publicar, ser un poeta laureado, las cosas que algunos le prometen a la luna. Pero ahora todo es distinto, la enfermedad, el respirador, el voluntario de paliativos. El tiempo, más tirano. De modo que se reunieron los Ladrones y homenajearon al mentor. "Vinieron todos. Porque a mí los chicos me han querido mucho. Estaba muy emocionado y leí un poema corto, el más corto posible".

La poesía de Leoni en la voz de Leoni. / HAJAR BOUJTAT

"Me habría gustado publicar", le comentó Leoni a su voluntario de paliativos, Àlex Prats ("mi ángel de la guarda", le dice). Así empezó todo. Intervinieron la Fundación Paliaclinic (de cuidados paliativos) y la Fundación 38 grados (dedicada justamente a eso: a resolver asuntos pendientes). Se sumergió Leoni en su archivo y enfrentó, no su poesía, sino su vida entera. "Fue difícil. Al leerlos se me cerraba la garganta". Pero fue emocionante también. Escogió los que al final escogió con el siguiente criterio: "Los que me eran más sensibles". También, los que lo devolvían al pasado. Mira el libro Leoni en su piso de Balmes y dice: "Para mí significa dejarle a mis nietos un recuerdo de lo que era capaz de escribir. Tengo dos nietos y me gustaría que se dedicaran a la escritura, por qué no". El poeta ha cumplido su sueño. El ladrón de lunas mayor.

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