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Sector en auge

Barcelona logra desestacionalizar la fiebre crucerística

El puerto registró en agosto las mismas escalas que ha programado en noviembre

Se estabiliza o reduce la oferta estival y se amplía la invernal, con previsión de récord

El nuevo Azamara Pursuit, en su primera visita en el muello de Barcelona, este 12 de septiembre. / RICARD CUGAT

Los equipajes incluyen forzosamente botas y abrigos en lugar de bermudas y chanclas, pero incluso así Barcelona resulta atractiva para quien elige un crucero invernal con salida o escala en la ciudad. El cambio de estrategia del Port de Barcelona y la apuesta de algunas grandes navieras por mantener vivas las rutas mediterráneas en los meses más fríos ha permitido ir desestacionalizando la oferta, es decir, desconcentrar la fiebre crucerística asociada solo al buen tiempo. Una maniobra que persigue aliviar la presión turística en la capital catalana en temporada alta, y que insufla viajeros en los meses más alicaídos con éxito. Si ningún factor coyuntural lo impide, el año podría incluso acabar en récord.

Para contextualizar la gestión del sector, baste recordar que el año pasado la ciudad sumó 2,72 millones de movimientos de pasajeros (2,1 millones netos de viajeros, ya que algunos se contabilizan dos veces si empiezan y acaban ruta en el puerto). Y que el volumen total está estabilizado hace unos años, por lo que en los últimos tiempos se intenta favorecer la 'digestión' de ese intenso tráfico por parte de Barcelona. Las compañías planifican sus rutas con mucha antelación, por lo que las estrategias al respecto están dando fruto ahora visiblemente. 

El inicio de este año ya constató ese giro, con 24 escalas y más de 90.000 pasajeros en enero, un mes tradicionalmente desierto de barcos de crucero, con un 60% más de visitantes respecto al mismo periodo del 2017. Febrero siguió la misma tónica con una cifra similar y un auge del 35%. El crecimiento se mantuvo en marzo y fue especialmente llamativo en abril, con casi 320.000 viajeros que significaron un aumento del 31,2%.

Evitar congestión

Durante años, la actividad estuvo muy concentrada en el periodo que va de mayo a octubre, y luego prácticamente se extinguía el resto de meses. El Port ha promocionado el atractivo invernal de la ciudad, como destino cultural y ha conseguido que resulte una escala clave para las compañías que operan en el Mediterráneo en esos meses sin sol y playa. En paralelo, cuenta la responsable del área de Cruceros, Mar Pérez, se ha trabajado con los operadores para evitar la coincidencia de muchos barcos en una misma jornada de verano, que agravaba saturación turística característica de Ciutat Vella.

Obviamente, no se puede finiquitar la oferta en los meses más demandados, pero el reto es estabilizar o ajustar su presencia en esas fechas en que la ciudad es un hervidero y el puerto puede recibir entre 20.000 y 30.000 pasajeros diarios. Este 2018, programación en mano, se constata que julio registró 78 escalas y agosto, 70. Es decir, casi las mismas que se prevén para un mes tan poco vacacional como noviembre (72). Incluso en diciembre, están planificadas una treintena.

En un año con 827 escalas previstas, los meses estrella por venir serán septiembre (107) y octubre (124). El volumen final de viajeros dependerá de lo llenos o no que vayan los buques.

Más inicios de ruta

En conjunto, se espera que el año se cierre con un crecimiento que posiblemente lleve a un nuevo récord local y que hay que situar en el conjunto de un momento de euforia sectorial en España, segundo país receptor de Europa y con numerosos puertos creciendo ahora a un ritmo muy por encima del catalán, que desde hace años es número uno del continente y trata de domesticar sus cifras. 

Los vaticinios, no obstante, son arriesgados porque es un sector muy sensible a atentados, inestabilidad política o cualquier problema que afecte a los destinos, en cuyo caso las escalas se alteran.

Más de la progresiva desestacionalización que trata de alentar la autoridad portuaria local, los balances acumulados del año son también significativos en cuanto al tipo de viajero, destaca Pérez. Es decir, en el primer semestre del año aumentó ligeramente el pasajero en escala (normalmente de unas horas y que deja 57 euros de gasto como promedio), mientras se disparaban un 29% los consumidores de naves que empiezan y/o acaban ruta en la ciudad, como puerto base. Este perfil dispara el gasto diario a 230 euros, ya que a menudo se alojan alguna noche en la metrópolis y realiza un turismo menos intensivo.

Según el último informe realizado desde la Universitat de Barcelona a instancias de la asociación CLIA, cada pasajero inyecta una media de 518 euros a Catalunya, de los que el 73% se queda en Barcelona. 

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