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PLAN PILOTO EN BARCELONA

El pequeño a urdú; mamá a catalán

Alumnos de origen pakistaní de la escuela Collaso i Gil del Raval aprenden a escribir la lengua de sus madres, mientras estas aprenden la de la escuela

La extraescolar nació de un grupo de madres que se encontraban en la puerta del centro y no querían que sus pequeños perdieran el idioma familiar

Extraescolar de urdú en la escuela Collaso i Gil, en el Raval. / FERRAN NADEU

Todos los miércoles por la tarde Sania Ahmed acude al Collaso i Gil para enseñar urdú, su lengua materna, a 15 alumnos del centro. Niños de entre 6 y 12 años nacidos en el Raval de origen pakistaní. Niños que hablan la lengua, el idioma de sus padres, pero que no saben escribirla. Niños como Iman, de 11 años y Talha, de 8, hijos de Rabia Shafia, la madre que inició la recogida de firmas entre las madres pakistanís de la escuela para pedir esta extraescolar y quien, junto a otras de las madres, también los miércoles, aprende catalán en el aula de al lado, pared con pared, mientras sus pequeños aprenden urdú

"Tengo 36 años y vivo en Barcelona desde hace 12. Mis tres hijos son nacidos aquí, en el Hospital del Mar. ¡En la misma habitación, los tres!", relata Shafia en el amplio recibidor del Collaso i Gil un rato antes de empezar las clases. Sentada en un banco de aspecto centenario en la entrada del colegio explica entre risas los dos motivos que la animaron a querer aprender catalán: ayudar a sus hijos a hacer los deberes del colegio y entenderles cuando se cuentan secretos. 

"Los niños, en casa, entre ellos, a veces hablan en catalán, ¡y no quiero que se me escape lo que traman!"

Rabia Shafia

Madre del Collaso i Gil

"Entre ellos, en casa, a veces hablan en catalán, ¡y no quiero que se me escape lo que traman!", confiesa con una sonrisa divertida. Ella ya tenía alguna noción de catalán. Muchas horas de 'Club Súper 3' a la espalda y algún que otro curso de catalán en el barrio, pero quería aprender más, así que la propuesta del intercambio en la escuela no le pudo parecer mejor. La madre de Iman y Talha también estudia castellano. De hecho está pendiente de saber la nota del examen de A2 en el Instituto Cervantes que hizo hace unos días.  

Aunque, en realidad, lo suyo es la tecnología. Shafia estudió Informática en Pakistán. "Es muy difícil que te convaliden el título en España, así que aquí nunca he podido trabajar haciendo 'software', que era para lo que me formé; pero soy una mujer muy activa y me he buscado siempre algún voluntariado. Hago de mediadora informal entre las madres pakistanís que no saben apenas castellano y las profesoras. De ese vínculo con el resto de la comunidad de origen pakistaní del colegio nació la idea de las clases de urdú. Todas teníamos esa misma inquietud. Queríamos que nuestros hijos no perdieran la oportunidad de conocer bien su lengua. Yo a los míos sí que les había enseñado en casa a escribir un poco, pero hay muchas madres que no tienen recursos, así que nos organizamos para pedir la extraescolar. Recogimos todas las firmas muy rápido y las entregamos en el ampa", recuerda Shafia, quien ya era líder estudiantil cuando estudiaba en la universidad en Pakistán.   

Una alumna en la clase de urdú en el Collaso i Gil, esta semana /FERRAN NADEU

La demanda surgió el curso pasado, y este ya ha empezado la experiencia piloto, con el apoyo del distrito de Ciutat Vella y del programa BCN Interculturalitat del ayuntamiento, que enmarcaron la demanda en el proyecto también piloto 'Llengua materna per a infants i català per a famílies', que tiene experiencias similares en otras escuelas y barrios en contextos similares, como en el Besòs. "Todas las lenguas expresan el rico pluralismo cultural y su preservación es una contribución fundamental a la cohesión social", señala Lola López, comisionada de Inmigración, Interculturalidad y Diversidad del Ayuntamiento de Barcelona. 

"Las clases de catalán para las madres son también una manera de abrir el colegio a las familias, de que entren"

Lola López

Comisionada de Interculturalidad

Sania Ahmed, como Shafia, también tiene estudios superiores. Es dentista. También como Shafia al llegar a Barcelona -en su caso hace solo dos años, cuando se casó- vio que ejercer aquí con la titulación de allí era difícil. Y, tercer punto en común, también ha sido siempre una mujer activa con ganas de ayudar a los demás. De ahí que haya acabado, desde hace seis semanas, de maestra de urdú para los pequeños del barrio. "No solo hacemos lengua. Les explico también historias de Pakistán, les enseño canciones... Yo nací en Inglaterra, hija de pakistanís, y entiendo su situación. Fui al colegio allí y no fue hasta el instituto y la universidad, que estudié en Pakistán", cuenta Ahmed. En la clase de este miércoles helado -en el que, pese a las predicciones meteorológicas apocalípticas, 10 niños no han querido perderse la lección- aprenderán a escribir los colores y las partes de la casa.   

Rabia, en el centro, junto a otras dos alumnas de la calse de catalán / FERRAN NADEU

López reivindica que la interculturalidad no es solo dar a conocer las distintas culturas que conviven en la ciudad, sinó encontrar espacios de diálogo, algo que a veces no resulta tan sencillo.

Doble oportunidad

"Con los cursos de urdú se da respuesta a una demanda de las familias y, con los de catalán, a una demanda de la escuela, que pedía que estas familias se arraigaran al colegio", relata la comisionada, quien señala que en muchas culturas la escuela es un institución con mucha autoridad, y muchas veces si los padres no se implican en ella no es por dejadez o pasotismo, sino porque tienen la sensación de que allí no tienen nada que decir. "Las clases de catalán en paralelo a las de urdú y en el mismo colegio son también una manera de abrirlo a las familias, de que entren; de que vean que el colegio también es un espacio donde las familias, todas, tienen mucho que decir. Además, en muchos casos, era la única manera de que estas mujeres, con cargas familiares, pudieran asistir a las clases, porque en ese momento no tenían que ocuparse de los pequeños, que ya estaban ocupados con el urdú", prosigue la comisionada.

"No solo hacemos lengua; es explico también historias de Pakistán y les enseño canciones y fiestas"

Sania Ahmed

Maestra de urdú en el Collaso i Gil

Por eso, los miércoles por la tarde hay abierta en la escuela una tercera aula en la que se ofrece un servicio de acogida para atender a los niños de estas madres que aún no tienen edad de leer y escribir. "El proyecto representa muy bien la riqueza que ofrecen los centros educativos: la escuela abierta a proyectos de educación comunitaria y la escuela como espacio de participación de las familias", afirma López.  

En el marco de esa defensa y reivindicación de las distintas lenguas maternas que conviven en Barcelona, López avanza que quiere impulsar actividades y talleres para promover y reivindicar también el caló

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